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La forma de salir de la riqueza extrema

«Un 82% de la riqueza generada en el año 2017 de en todo el mundo fue a parar al 1% más rico». El titular de la noticia difundida hoy me ha sentado muy mal.

El artículo seguía diciendo: «La vida económica de 3.700 millones de personas pobres no mejoró el año pasado».

Los boletines de noticias de televisión y prensa, así como todos los medios sociales, se hacían eco de lo siguiente: «El director de una de las cinco mayores empresas mundiales de moda apenas debe trabajar cuatro días para ganarse lo que le llevaría toda una vida a un empleado de una industria textil de Bangladesh».

No es la primera vez en que semejantes números ponen de manifiesto la triste situación económica del mundo. Conforme le daba vueltas a estas estadísticas en mi mente, intentaba  representarme la triste condición de los pobres, y no pude evitar pensar cómo hubiera bastado apenas una fracción de ese 82% de riqueza para cambiarle la vida a tantos millones de  personas pobres.

Para mí, se trataba de la única forma en que yo podía interpretar unos datos tan trágicos, y eso me entristeció profundamente. Seguidamente me vino al pensamiento que también el 1% superrico lee estas mismas noticias –que ya las tiene vistas de antes– sin que por ello sea suficiente para que cambien de forma de pensar. La sola idea me hizo sentir desconsolado.

Fue entonces cuando por mi parte decidí que intentaría evitar que la noticia se disipara rápidamente. Decidí escribir algo al respecto, en la esperanza de llamar la atención de cuantas personas me sea posible alcanzar.

Cuando observo tanto trágicos números, éstos me traen a la mente las palabras de Bahá’u’lláh:

¿Por qué, entonces, demostráis tanta avidez por acaparar los tesoros de la tierra, cuando vuestros días están contados y vuestra oportunidad está casi perdida? ¿Acaso, oh negligentes, no vais a despertar de vuestro sueño?

—Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos, LXVI, §4

¡Oh ricos de la tierra! Los pobres son Mi encomienda entre vosotros; resguardad Mi encomienda y no estéis absortos sólo en vuestro propio bienestar. Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, Persa, 54

Uno de los principios centrales de las enseñanzas bahá’ís, la eliminación de los extremos de pobreza y riqueza, hace alusión directa a esta tendencia sangrante:

La excesiva desigualdad entre ricos y pobres, fuente de grandes sufrimientos, mantiene al mundo en estado de constante inestabilidad, virtualmente al borde de la guerra. Pocas sociedades han encarado de forma efectiva esta situación. La solución exige la aplicación conjunta de enfoques espirituales, morales y prácticos. Hay que observar el problema con una mirada nueva, libre de polémicas económicas e ideológicas, lo cual implica consultar con expertos en una amplia gama de disciplinas y lograr la participación de las gentes que resultarían directamente afectadas por las decisiones que deben tomarse con urgencia. Es un asunto que está ligado no sólo con la necesidad de eliminar los extremos de riqueza y pobreza, sino también con aquellas realidades espirituales cuya comprensión puede producir una nueva actitud universal. El promover tal actitud es ya, en sí mismo, una parte importante de la solución. — La Casa Universal de Justicia, octubre 1985, La promesa de la paz mundial, p.28.

Es mucho lo que puede decirse acerca del significado de noticias y estadísticas como las comentadas. Para mí, son indicio de un sistema económico enfermo que favorece la riqueza y pasa por alto la condición en que viven los pobres, y ello mientras el resto de la humanidad se orilla y se limita a seguir de espectadora.

Sin embargo, las enseñanzas bahá’ís recomiendan que se le dé solución:

Nosotros tenemos propósitos más esenciales. Los fundamentos de toda la condición económica son divinos por naturaleza y están asociados con el mundo del corazón y del espíritu. Esto está completamente explicado en las enseñanzas bahá’ís y sin el conocimiento de sus principios no puede realizarse ninguna mejora del estado económico. Los bahá’ís producirán este adelanto y mejoramiento pero no a través de la sedición o apelando a la fuerza física, no a través de la guerra, sino del bienestar. Los corazones deben estar tan amalgamados, el amor debe volverse tan dominante que los ricos con mucho gusto extiendan su asistencia a los pobres y den los pasos necesarios para establecer permanentemente estos ajustes económicos. Si se realiza de esta forma, es muy loable porque entonces ello sería por amor a Dios y en el sendero de su servicio. Por ejemplo: sería como si los habitantes acomodados de una ciudad dijeran: “No es justo ni legítimo que poseamos grandes fortunas mientras exista en esta comunidad una abyecta pobreza”, y luego de buena gana dieran su riqueza a los pobres, reteniendo solamente tanto como les permita vivir cómodamente. ‘Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz universal, p. 277.

Confío en que pronto caigamos en la cuenta de que podemos ser esos agentes de cambio a las que nos emplazan las enseñanzas bahá’ís, y comenzar a actuar para plasmarlo en la realidad. Incluso acciones minúsculas pueden efectuar dicho cambio, por ejemplo creando empatía hacia los pobres en nuestro corazón para luego hacer todo lo que esté en nuestras manos por remediar tan grave injusticia.

De ahí la sugerencia que deseo transmitirle a usted, amable lector: no deje que su clase social o económica le limiten los horizontes, su forma de pensar o sus relaciones. Ya sea usted pobre o rico, una forma de superar las barreras económicas es acoger y conocer a personas de otras clases y condiciones.

Todos podemos aportar nuestra parte con nuestras acciones, sean grandes o pequeñas. Para atajar la tendencia descrita, debemos hurgar en nuestra alma y establecer una pauta decidida de actuación. No podemos cerrar los ojos a semejantes estadísticas y no hacer nada.

Las opiniones y puntos de vista expresados en este artículo son los propios del auto por únicamente, y no reflejan necesariamente la opinión de las Enseñanzas bahá’ís o de ninguna insta función de la Fe bahá’í.

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