Convertirse en un economista místico

¿Alguna vez has oído hablar de un economista místico? Parece extraño ver estas dos palabras una al lado de la otra, ya que representan dos universos completamente diferentes.

 

¿Pueden ser combinados? ¿Son realmente opuestos? Podemos tener ambos? La brecha entre los dos parece tan grande.

 

La mística simboliza los aspectos más elevados o espirituales de nuestras vidas—el desapego del mundo material y de cualquier cosa que sirva como una distracción para alcanzar el objetivo de la presencia del Amado. Los místicos creen que si queremos alcanzar la espiritualidad, entonces lo que necesitamos en nuestras vidas es más de Rumi, Kahlil Gibran, los grandes poetas y filósofos inspiradores; y menos de Adam Smith, Karl Marx y otros economistas. Los místicos tienen más interés en atravesar los Siete Valles en nuestro viaje espiritual, y menos en el cálculo de datos para navegar nuestras vidas económicas.

 

El viaje de la vida es corto, y cada momento es muy valioso, así que la pregunta es: ¿por qué pasar más tiempo en el lado material de nuestras vidas que en el lado espiritual? Después de todo, no podemos llevar nuestras posesiones materiales al próximo mundo.

 

Un místico ve la muerte en vida y en vida la muerte. Él ve el principio en el fin y el final en el principio. Él ha aprendido a través de la experiencia en la vida que todo en este mundo es transitorio, como un espejismo. La brújula de su alma se dirige directamente hacia el Amado, y nada puede distraerlo de alcanzar el deseo de su corazón. Las joyas y el oro son como el centelleo de las estrellas y nada más. Simplemente brillan y no tienen uso para él en su viaje. Su alma quiere que él gaste su tiempo y energías para servir a sus semejantes seres humanos. Quiere que alabe y agradezca a su Bienamado, y que se pierda en Su amor.

 

Los economistas y el campo de la economía representan lo que el mundo tiene que ofrecer para el sustento, placer y la comodidad del cuerpo y los sentidos. La economía nos recuerda que nadie ha visto el otro mundo, así que ¿por qué no ser feliz y disfrutar de todo lo que el mundo material tiene para ofrecer, ganar más dinero y poder adquirir todos los lujos y comodidades: la mejor casa, la mejor autos, y comer la mejor comida? Podemos tener lo último y lo mejor que el mundo puede ofrecernos; después de todo, el mundo entero con todos sus esplendores fue creado para nosotros. ¿Por qué no disfrutar del brillo de las joyas y el oro, las comodidades, los placeres que todos los sentidos pueden disfrutar? El economista en nosotros quiere dominar el arte de acumular riqueza.

 

Las enseñanzas bahá’ís y las enseñanzas de toda gran Fe nos recuerdan el peligro de poseer y adquirir riqueza:

 

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos.” Mateo 19:24, La Biblia

 

“… Sabed en verdad que la riqueza es un poderoso obstáculo entre el buscador y su deseo, entre el amante y su amada..”Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, p. 65

 

Agregamos un pensamiento: aunque puede ser difícil, los seres espirituales no necesitamos evitar el mundo por temor a ser ahogados en el materialismo:

 

“Estimar el valor de un individuo esencialmente en términos de lo mucho que puede acumular y consumir en relación con otros es totalmente ajeno al pensamiento bahá’í. Pero las enseñanzas tampoco simpatizan con rechazos radicales de la riqueza como algo inherentemente ofensivo o inmoral, y el ascetismo está prohibido. La riqueza debe servir a la humanidad.”  La Casa Universal de Justicia, 1 de marzo de 2017

 

Las enseñanzas bahá’ís nos recuerdan, como individuos o como civilización, que necesitamos un equilibrio entre lo místico y la economía:

 

“Desde Mi llegada a este país he descubierto que la civilización material ha progresado grandemente, que el comercio ha alcanzado el más alto grado de expansión; las artes, la agricultura y todos los detalles de la civilización material han logrado el más alto nivel de perfección, pero la civilización espiritual ha sido olvidada. La civilización espiritual es la luz de esa lámpara. Si la civilización material y la espiritual se unen, entonces tendremos juntas a la luz y a la lámpara, y el resultado será perfecto. Pues la civilización espiritual es como el espíritu de la vida. Si ese maravilloso espíritu de vida entra en ese hermoso cuerpo, éste se convertirá en un canal para la distribución y desarrollo de las perfecciones de la humanidad.” – Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz universal, p. 36

 

La historia de la separación de estos dos a través de las edades no significa que el futuro tenga que ser el mismo.

 

Hemos recorrido un largo camino—pero tenemos que comenzar una nueva forma de vida que nos permita la capacidad de utilizar estos dos obsequios para nuestro propio progreso y el de nuestra sociedad. A medida que captemos las implicaciones espirituales de combinar los dos tipos de conocimiento y sabiduría, construiremos la capacidad de manejar lo material y lo espiritual. Aprenderemos y nos educaremos a través de las pruebas que puede aportar el dinero, y nos prepararemos para evitar factores desconocidos que pueden obstaculizar nuestra meta de combinar los dos juntos. Desarrollaremos una visión que nos dé la capacidad de ver a los dos como uno.

 

Ambas herramientas maravillosas pueden ayudarnos a crecer y a desarrollarnos espiritual y materialmente. El hombre o la mujer del futuro no tiene que escapar del mundo material. La conciencia de la realidad y el propósito de la espiritualidad en el mundo material permitirá a la humanidad utilizar las posesiones materiales para el beneficio de nuestro viaje espiritual colectivo. No debería haber un conflicto entre el lado material y el lado espiritual de nuestras vidas—ambos tienen su lugar y su importancia:

 

“Él nos ha dado dádivas materiales y gracias espirituales,vista exterior para contemplar las luces del sol y visión interior para percibirla gloria de Dios. Ha diseñado el oído exterior para disfrutar las melodías del  sonido y el oído interior con el cual podemos escuchar la Voz de nuestro Dios. Debemos esforzarnos con todas las energías del corazón, el alma y la mente para desarrollar y manifestar las perfecciones y virtudes latentes dentro de las realidades del mundo fenomenal, pues la realidad humana puede compararse a la semilla. Si sembramos la semilla, surge, un árbol poderoso.”– Abdu’l-Bahá, La promulgación de la paz universal, p. 107

 

La nueva raza del hombre verá a Dios en todo, incluyendo el dinero y las posesiones, para que pueda dar libremente para el mejoramiento del mundo.

 

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