El papel de la espiritualidad en la economía

Times Colonist/June, 2017

Ya sea a nivel individual o nacional, todos están tratando de resolver sus problemas económicos. La situación económica del mundo en la actualidad está en un estado de confusión y estamos buscando muchas vías para encontrar una solución. Como miembro de la Fe Bahá’í y economista, creo que las respuestas pueden encontrarse en la concepción de los sistemas económicos como empresas espirituales.

 

“Los secretos de toda cuestión económica son de naturaleza Divina y se ocupan del mundo del corazón y del espíritu.” -Abdu’l-Bahá

 

Cada individuo al igua que la sociedad en general tiene un papel que desempeñar, a través de la honestidad, la integridad y la imparcialidad como criterio. El órgano de gobierno internacional para la Fe Bahá’í escribió lo siguiente en 2010, en relación a la conexión necesaria entre la moral y la riqueza:

 

“Muchos reconocerían fácilmente que la adquisición de riqueza debe regirse por los requisitos de la justicia, que, como principio, pueden expresarse en diversos grados, en diferentes niveles. Un empleador y un empleado, por ejemplo, están sujetos a las leyes y convenciones que regulan su trabajo, y se espera que cada uno cumpla con sus responsabilidades con honestidad e integridad (…).

 

El amplio margen, a menudo injustificable, entre los costos de producción de ciertos bienes y el precio en el que se venden, también requiere atención, al igual que la cuestión de la generación de riqueza a través de medidas que “enriquecen la generalidad de las personas”. Sin duda, lo que tal reflexión e investigación dejarán en claro es que ciertos enfoques para obtener riqueza, muchos de los cuales implican la explotación de otros, la monopolización y manipulación de los mercados y la producción de bienes que promueven la violencia y la inmoralidad, son indignos e inaceptable.”

 

Adam Smith, el padre de nuestro sistema económico, declaró que el interés propio debe ser la fuerza impulsora detrás de cada actividad económica para lograr la prosperidad material. Esto llevó a una filosofía de individualismo, creando desapego y falta de empatía y una disparidad económica que la mayoría de las personas están reconociendo como injusta.

 

En 2008, el sistema económico del mundo casi se derrumbó debido a la codicia y la falta de moral en el sistema. Los gobiernos gastaron miles de millones para evitar el colapso del sistema, pero no se ha hecho nada para remediar la causa raíz del problema, que es la codicia y el interés propio.

 

La necesidad de un nuevo y mejor sistema económico es perceptible tanto por el ignorante como por el experto. Quizás es hora de abordar nuestra participación en actividades económicas de una manera espiritual y, por lo tanto, tomar medidas para mejorar la prosperidad económica del mundo.

 

En marzo de este año, el órgano rector internacional bahá’í escribió que:

 

“aun si los enfoques actuales de la vida económica satisficieron la etapa de la adolescencia de la humanidad, son ciertamente inadecuados para los albores de su madurez. (…) hay una dimensión moral inherente a la generación, distribución y utilización de la riqueza y los recursos.”

 

A través del estudio de los principios espirituales de las religiones y los grandes filósofos, podemos aumentar nuestra comprensión de la importancia de los cambios que se necesitan en nuestras vidas para convertirnos en mejores seres humanos e implementarlos en nuestros tratos económicos.

 

Pequeños cambios en nuestra actitud cambiarán nuestras actividades económicas diarias, y eso eventualmente nos llevará a un nuevo sistema económico donde hay justicia económica y todas las personas tienen los

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