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Tiroteos masivos: ¿Qué podemos hacer al respecto?

Mi campo es la economía, así que inicialmente me sentí reacio a escribir sobre estas tragedias—pero me recordé a mí mismo sobre los muchos años que trabajé en el sistema escolar, donde mi primera y principal responsabilidad era proteger a mis preciados estudiantes de los dramas habituales y el bullying. Así que este es mi intento de compartir lo que tengo en mi corazón acerca de estos horribles tiroteos masivos.

 

En principio, admito que no tengo todas las soluciones. Me incomoda incluso abordar el tema debido a su naturaleza explosiva y política, la polarización de las emociones que evoca, y especialmente mi experiencia personal con la violencia. Además, como Baha’i, no me inmiscuiré en política partidaria, una cuestión que se ha vuelto tan relacionada en este tema. Sin embargo, estos horrorizantes asesinatos deben parar, así que vamos a ver si podemos encontrar algunos puntos de partida.

 

Debemos recordar que estos tiradores en masa—estos asesinos de niños—no vinieron de la luna ni de otros planetas. Eran y son nuestros niños, nuestros estudiantes, nuestros vecinos, nuestros primos, incluso nuestros amigos. Muchos de ellos eran casi invisibles ante nosotros, pero aún así existían, y la mayoría de nosotros nos perdíamos los signos de sus luchas. Fallamos en ver cuán mal equipados estaban para lidiar con las realidades que los rodeaban, y como consecuencia, no los ayudamos.

 

Se puede observar, que quisiera tomar el enfoque abordando el problema auto-examinandolo en lugar de señalar con el dedo a personas y organizaciones habituales. Creo que pasamos muy poco tiempo explorando nuestros propios roles en esta crisis y, en consecuencia, no hacemos lo suficiente para descubrir cómo podemos empoderarnos para ayudar a evitar que estas tragedias ocurran.

 

Podemos hacer cosas que pueden conducir a prevenir más desastres: podemos prestar atención a aquellos que son ignorados, intimidados o marginados, podemos mostrarles que nos importa, podemos construir actividades alternativas que les permitan tener un respiro de sus entornos negativos, podríamos conectarlos con personas positivas y acogedoras, cursos y actividades grupales. Por ejemplo, podemos conectarlos con las actividades juveniles bahá’ís que se centran en la educación espiritual y moral y en el servicio a la comunidad. Hay innumerables cosas que podríamos hacer si nos preocupáramos lo suficiente y amáramos lo suficiente.

 

Las enseñanzas bahá’ís nos piden que amemos a todos, porque Dios en su sabiduría sabe que el amor es la verdadera solución. Abdu’l-Bahá, quien ejemplificó el amor, toda su vida a través de sus acciones, dijo:

 

“El amor confiere vida a los que no la tienen. El amor enciende una llama en el corazón helado. El amor concede esperanza a los desesperados y alegra las almas de los angustiados. Ciertamente, en el mundo de la existencia no existe un poder mayor que el poder del amor.”       -La Sabiduría de Abdu’l-Bahá p. 59.

 

Cuando trabajaba en el sistema escolar, tuve algunas noches de insomnio preocupándome por algunos de los niños que estaban tan llenos de ira y frustración, que temía que pudieran hacerse daño a ellos mismos o a los demás. Nos podríamos preguntar: ¿Por qué esos estudiantes estaban tan heridos y enojados? Yo diría que porque no estaban recibiendo suficiente amor, cuidado y atención. La mayoría de ellos estaban profundamente solos, creyendo firmemente que nadie los entendía o se preocupaba por ellos. Ansiaban amor, pero lo que obtenían era ira, castigo y reglas disciplinarias que tenían como objetivo corregirlos sin encontrar la raíz de sus problemas.

 

De todas maneras, no estoy tratando de retratar a los tiradores en masa como víctimas. Soy plenamente consciente de que algunos tenían problemas serios y necesitaban ayuda profesional. Sin embargo, de ciertas maneras, ellos también son, como usted y yo, víctimas de una enfermedad a la que todos estamos expuestos, y eso es vivir en sociedades donde no recibimos suficiente amor y comprensión. Llamo a la causa de esta enfermedad, la deficiencia de vitamina A (amor). En la mayoría de los casos, el remedio esencialmente espiritual del amor puede funcionar mucho más eficazmente que otras soluciones legales de prevención.

 

Podríamos armar a más personas para proteger las escuelas, podemos instalar más detectores de metales, podemos hacer más cacheos para confiscar armas, y ese enfoque estaría bien si funcionara—pero me gustaría, que también gastemos tiempo y recursos como sociedad, y veamos cómo podemos llegar a estas personas enojadas y heridas antes de que hagan algo mal.

 

¿Cómo podemos nosotros, como seres humanos, disminuir la carga emocional de las personas que se desmoronan bajo la presión de los problemas de la vida que los llevarán a un camino horrible y guiarán a nuestros hijos a un peligro grave? Las enseñanzas bahá’ís dicen que podemos tomar medidas para comenzar realmente a abordar la deficiencia de vitamina A de las que muchas personas sufren:

 

“El amor manifiesta su realidad con hechos, no sólo con palabras; éstas, por sí solas, no tienen efecto.”                        -La Sabiduría de Abdu’l-Bahá p. 59.

 

Si cuidáramos y amáramos a todos los seres humanos, y lo hiciéramos con hechos en lugar de palabras, creo que la mayoría de estos tiradores elegirían un camino diferente. Lo sé bien dado que fui testigo del cambio drástico que el amor y el cuidado hicieron para muchos de mis propios estudiantes, a quienes honestamente pensé que podrían causar algún daño.

En todos mis años de lidiar con niños con problemas, aprendí a mirar más allá de su enojo y mal comportamiento y todas las barreras negativas que alzaron con el fin de no lastimarse, porque detrás de todo eso, solía haber una personita asustada que pedía atención, quién solo quería ser aceptado y amado como todos lo hacemos.

Así que podemos tomar la ruta habitual de culpar a nuestros gobiernos por la falta de control de armas, o fabricantes de armas, o videojuegos violentos y a todo el resto de factores en este asunto triste, pero sugiero firmemente que primero nos miremos a nosotros mismos y aceptemos algo de la responsabilidad, luego decidir hacerse amigos de los tristes, los alienados y los potencialmente explosivos.

Al ser conscientes de nuestro poder potencial como agente preventivo en estos tiroteos masivos, combinados con medidas adecuadas de prevención legal y precauciones de seguridad razonables, podemos soñar con un día en que estas tragedias no sean más que una insólita pie de nota de un período muy triste y oscuro de la historia de la humanidad.

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